"Yo te sigo porque creo que en el fondo hay algo".
Serse leal a sí mismo es asumir la rabia, es darle cabida y su espacio, es darle el derecho de ser, con la obligatoria y obvia condición de tener igual valor para asumir retractaciones y con ellas sus redenciones, resistiéndose siempre al arrepentimiento, cuando las ganas de dejarlas de lado vuelvan. Evitar el arrepentimiento es actuar con decisión y responsabilidad para decir "erré, pero no me culpo", solucionarlo y seguir.
Madurar es dar el paso. En todo sentido. Dar el paso, pero darlo bien dado. Caminar sin miedo, mas en el momento exacto quitar del camino los obstáculos, contraer el impulso, pensarlo dos y tres veces, y dar el paso. Si madura mi persona me da igual; me importa madurar mi amor. Porque sigo confiando en él de algún modo.
No consiste sólo en no tener ese miedo absurdo; consiste en dar el paso aún teniéndolo a flor de piel. Arriesgarse por lo que vale la pena y darle una oportunidad a lo que dice la piel misma por sobre la razón... de este modo si las cosas salen mal, sabré al menos que fui fiel, y es así como la vida siempre me es un avance y que te sigo porque creo que en el fondo hay algo.
martes 17 de noviembre de 2009
domingo 8 de noviembre de 2009
Exposición
Si tuviera que escribir algo, escribiría un largo silencio. Para mayor precisión escribiría la descripción pictórica o incluso cinematográfica de una un mujer un tanto más agraciada que yo, con una expresión de sorpresa disimulada, de esas que no se notan necesariamente en algún rasgo de la cara pero que se identifican desde lejos. Tendría el proceso de esa típica metamorfosis facial que va dando cuenta de un descubrimiento indeseado, de cuando todo el puzzle empieza a cuadrar y lo va haciendo de una forma horrible. No diría nada, porque entendería que se queda sin nada que decir; que todo lo que ha dicho hasta entonces no vale nada, y que todo ha sido un gran, un tremendo error.
En el punto en que se empezara a tomar el pelo con las manos y se dispondría a salir corriendo, entonces de seguro me quedaría tan con ella en el personaje que no podría seguir más y esperaría la llegada del verdadero narrador omnipresente, para que me librase del sólo hecho de escribir y pronunciar en mi cabeza las palabras que pondría en letras. Y esperaría entonces sentada solamente como cuando voy al cine, a ver como en el teatro qué le passará a esa mujer, con rasgos más finos que yo y con exactamente la misma idea en la cabeza.
En el punto en que se empezara a tomar el pelo con las manos y se dispondría a salir corriendo, entonces de seguro me quedaría tan con ella en el personaje que no podría seguir más y esperaría la llegada del verdadero narrador omnipresente, para que me librase del sólo hecho de escribir y pronunciar en mi cabeza las palabras que pondría en letras. Y esperaría entonces sentada solamente como cuando voy al cine, a ver como en el teatro qué le passará a esa mujer, con rasgos más finos que yo y con exactamente la misma idea en la cabeza.
viernes 6 de noviembre de 2009
Nudos varios
Hay que tener cuidado. Si te pasas un poco del límite con las cuerdas puede que la próxima vez que tiren de la tuya lo único que consigan sea el tirón de vuelta; que son más de quinientos los nudos que te has puesto en los pies y las cuerdas que de trampas has vestido en los alrededores - llámalo tú por hacer las cosas mejores, por hacer las cosas a tus parámetros -. Pero hay que tener cuidado: si el parámetro reduces tanto, la próxima vez que quieras hablar encontrarás que tu voz será el silencio mismo y el próximo paso que des te azotará con el letrero en la cara que te lo dirá: acabaste con todos los caminos posibles antes incluso de haberlos mirado.
lunes 2 de noviembre de 2009
Entre páginas
A ratos cuadra todo demasiado... como cuando cierro el libro justo cuando me es la hora de partir, y acababa de terminar y aún así me quedo allí.
La perfección tiene su reflejo y siempre es como si me se me quedara parte de un suspiro entre la tinta de las páginas que con certeza volveré a recorrer más tarde. Es un suspiro que no se cansa.
Y cuando camino entonces de vuelta a casa, quiero mirar el suelo, mirar el suelo o el cielo; mirar al frente no me parece sensato. No me parecería justo ni para nada acorde a lo que llevo en la cabeza y en los pasos.
La perfección tiene su reflejo y siempre es como si me se me quedara parte de un suspiro entre la tinta de las páginas que con certeza volveré a recorrer más tarde. Es un suspiro que no se cansa.
Y cuando camino entonces de vuelta a casa, quiero mirar el suelo, mirar el suelo o el cielo; mirar al frente no me parece sensato. No me parecería justo ni para nada acorde a lo que llevo en la cabeza y en los pasos.
martes 20 de octubre de 2009
Cerrojos
Toda la vida he vuelto a revisar los pestillos de las puertas justo después de haber ido a cerrarlos.
Es una escena que he visto ya suficientes veces como para interiormente dejar de tomar nota de ella, y simplemente insertar la misma imagen vieja encima de la nueva día tras día. Todos los días. Tanto que quizás si alguna noche cambiara este segundo del ciclo, y los pestillos no estuvieran puestos, simplemente no lo notaría. Mas, realmente, siempre he estado totalmente segura de que están cerradas las puertas cuando es hora de volver a cerciorarme. Siempre he estado segura y aún así en una batalla contra mí misma y con cara de recibir una orden de mala gana, me dirijo a la revisión diaria cada vez sin reproches.
Supongo que en el fondo siempre he guardado la esperanza de que me haya equivocado y haya echado un cerrojo imaginario. Que me haya automatizado este movimiento a tal punto, que lo inserte en mi recuerdo a cierta hora sin más y las puertas no estén realmente cerradas como deberían. Que haya automatizado hasta la imaginación y que despierte por ello del sueño de la inercia y logre sobreponer mi vista a la idílica escena que pasa por frente mis ojos sin ser parte de ellos.
... Supongo que siempre he tenido la esperanza de haberme equivocado cuando echo revisión a las cosas que ya he mirado.
Que de las esperanzas nadie dijo que sólo debían haber virtudes.
Es una escena que he visto ya suficientes veces como para interiormente dejar de tomar nota de ella, y simplemente insertar la misma imagen vieja encima de la nueva día tras día. Todos los días. Tanto que quizás si alguna noche cambiara este segundo del ciclo, y los pestillos no estuvieran puestos, simplemente no lo notaría. Mas, realmente, siempre he estado totalmente segura de que están cerradas las puertas cuando es hora de volver a cerciorarme. Siempre he estado segura y aún así en una batalla contra mí misma y con cara de recibir una orden de mala gana, me dirijo a la revisión diaria cada vez sin reproches.
Supongo que en el fondo siempre he guardado la esperanza de que me haya equivocado y haya echado un cerrojo imaginario. Que me haya automatizado este movimiento a tal punto, que lo inserte en mi recuerdo a cierta hora sin más y las puertas no estén realmente cerradas como deberían. Que haya automatizado hasta la imaginación y que despierte por ello del sueño de la inercia y logre sobreponer mi vista a la idílica escena que pasa por frente mis ojos sin ser parte de ellos.
... Supongo que siempre he tenido la esperanza de haberme equivocado cuando echo revisión a las cosas que ya he mirado.
Que de las esperanzas nadie dijo que sólo debían haber virtudes.
domingo 18 de octubre de 2009
Summertime
Cuando diciembre amenaza y las noches comienzan a invitar a quedarse con ellas, y las nubes se despiden de abrazo y toman las maletas con la promesa de volver, y los días se vuelven más largos cuando las mañanas no pasan tan lento pero corren fugaces las tardes, y comienzo yo a pasear por las amables veredas secas sin rumbo más que el de mi ceño: entonces sé que eres como el invierno.
Invierno recién disipado en su viaje a otro lugar y que se marcha con suspiros y nostalgias felices en el pecho de quien le despide. Y entonces sé que aún no te has ido mas ya huelo el aroma de las madrugadas extrañándote, y comienzo a pensar en como hacerte volver y en las palabras más hermosas posibles para darte la bienvenida una vez más por si me tocara esperar.
Pues mirando las estrellas que me has dado sé que todos los inviernos vuelven.
Invierno recién disipado en su viaje a otro lugar y que se marcha con suspiros y nostalgias felices en el pecho de quien le despide. Y entonces sé que aún no te has ido mas ya huelo el aroma de las madrugadas extrañándote, y comienzo a pensar en como hacerte volver y en las palabras más hermosas posibles para darte la bienvenida una vez más por si me tocara esperar.
Pues mirando las estrellas que me has dado sé que todos los inviernos vuelven.
miércoles 7 de octubre de 2009
de sueños y panicos II
Hoy he vuelto a soñar contigo.
Hay algo que me quiere decir esa ella que sólo quedas cuando sueño;
había algo en el agua que seca no querías guardar.
Algo me quiere decir esa ella que quedas cuando sueño, y me llama desesperada en cualquier momento; -ando quedándome dormida en todos lados buscándote y a mediados del día por completo ya me has quitado el sueño al recordarte: es aquel el único minuto en que se asoma la lucidez en el día-.
Pero vuelvo-vuelvo a soñar contigo.
Una sospecha de desliza entre sus libros y sus páginas, y su ropa en mi closet y el secreto de sus aguas y de sus sábanas blancas.
Porque algo quiere decirme esa ella
esa ella
que tú
ya no eres.
Hay algo que me quiere decir esa ella que sólo quedas cuando sueño;
había algo en el agua que seca no querías guardar.
Algo me quiere decir esa ella que quedas cuando sueño, y me llama desesperada en cualquier momento; -ando quedándome dormida en todos lados buscándote y a mediados del día por completo ya me has quitado el sueño al recordarte: es aquel el único minuto en que se asoma la lucidez en el día-.
Pero vuelvo-vuelvo a soñar contigo.
Una sospecha de desliza entre sus libros y sus páginas, y su ropa en mi closet y el secreto de sus aguas y de sus sábanas blancas.
Porque algo quiere decirme esa ella
esa ella
que tú
ya no eres.
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